ALBA DE TORMES, 4-10-1582

En La Santa por Ana Velázquez0 Comments

Testimonio de la muerte de santa Teresa, por la Madre María de san Francisco

 

A las cinco de la tarde, víspera de San Francisco, pidió el Santísimo Sacramento, y estaba ya tan mala, que no se podía revolver en la cama, sino que dos religiosas la volviesen, y mientras que no venía el Viático, comenzó a decir a todas las religiosas, puestas las manos, y con lágrimas en sus ojos: “Hijas mías y señoras mías, por amor de Dios las pido tengan gran cuenta con la guarda de la Regla y Constituciones, que si la guardan con la puntualidad que deben, o es menester otro milagro para canonizarlas, ni miren el mal ejemplo que esta mala monja las dio y ha dado, y perdónenme”.

 

Poniéndosele el rostro con grande hermosura y resplandor, e inflamada en el divino amor, con gran demostración de espíritu y alegría, dijo al Señor cosas tan altas y divinas, que a todos ponía gran devoción. Entre otras le oí decir: “¡Señor mío y esposo mío!, ya es llegada la hora deseada; tiempo es ya que nos veamos, amado mío y Señor mío; ya es tiempo de caminar; vamos muy en hora buena; cúmplase vuestra voluntad; ya es llegada la hora en que yo sala deste destierro, y mi alma goce, en uno, de Vos que tanto ha deseado!”.

 

Y perseverando en la oración, muy alborozada y alegre, como sonriéndose, dando tres suaves y devotos gemidos, como de un alma que está con Dios en la oración, que apenas se oían, dio su alma al Señor, quedando con aventajada hermosura y resplandor su rostro como un sol encendido.

 

Después que murió, besando sus pies Catalina Baptista, cobró el olfato, ue había perdido, y sintió gran fragancia en los pies de la Santa. Todo esto vi.

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