Santa Teresa y los libros

En La Santa por Ana Velázquez0 Comments

Santa Teresa es maestra de Espiritualidad y Doctora de la Iglesia. Por esto, aquí nos interesa su formación humana y religiosa desde su infancia. En el “día del libro” veamos la importancia de éstos para Teresa y su formación.

 

En la familia Cepeda-Ahumada ‘se leen libros’:

Era mi padre aficionado a leer buenos libros y así los tenía de romance para que leyesen sus hijos. (V 1, 1)

Era mi madre aficionada a libros de caballerías y no tan mal tomaba este pasatiempo como yo le tomé para mí.  Yo comencé a quedarme en costumbre de leerlos; y aquella pequeña falta que en ella vi, me comenzó a enfriar los deseos y comenzar a faltar en lo demás;  y parecíame no era malo, con gastar muchas horas del día y de la noche en tan vano ejercicio, aunque escondida de mi padre. Era tan en extremo lo que en esto me embebía que, si no tenía libro nuevo, no me parece tenía contento.( V 2, 1)

 

En su formación tuvieron mucho que ver las lecturas, a las que pudo acercarse desde los primeros años. A su inteligencia natural, amor por la verdad, y su comportamiento, hay que sumar cuanto pudo aprender y reflexionar en torno a los libros. Santa Teresa se proclamaba amiga de las letras (los saberes), porque le enseñaban y daban luz, siendo de la opinión de que todo cristiano debía “tratar con quien tenga letras, si puede, y cuantas más mejor y los que van por camino de oración tienen de esto más necesidad, y mientras más espirituales, más”. Asimismo, afirmaba que, cuando le faltaba un libro, tenía desbaratada el alma y los pensamientos perdidos:

Conviene que lea mucho, ya que él por sí solo no puede reflexionar (V 4, 8).

Sin la ayuda del libro, será imposible que persevere mucho tiempo en la oración y le dañará la salud si porfía, pues es cosa muy penosa (V 4, 8).

Tanto temía mi alma estar sin libro en la oración, como si con mucha gente fuese a pelear. Con este remedio, que era como una compañía o escudo donde había de recibir los golpes de los muchos pensamientos, andaba consolada (V 4, 9).

La sequedad no era constante, mas siempre me sobrevenía cuando no tenía libro, pues mi alma se inquietaba y me asaltaban los pensamientos desbocados; con el libro los comenzaba a recoger y como por halago conducía el alma. Muchas veces leía un poco, otras, mucho, según la gracia que el Señor que concedía (V 4, 9).

 

En las Constituciones que dejó redactadas para sus monjas prescribió detalladamente la necesidad de una pequeña biblioteca en el convento:

Tenga cuenta la priora con que haya buenos libros, en especial Cartujanos, Flos Sanctorum, Contemptus Mundi, Oratorio de Religiosos, los de fray Luis de Granada y del padre fray Pedro de Alcántara; porque es en parte tan necesario es te mantenimiento para el alma, como el comer para el cuerpo (Constituciones 2, 7)

 

Sin duda, recordaba la experiencia en la Encarnación, en donde se fue forjando su proyecto de San José y la reforma, cuando las religiosas se reunían en torno a ella, en lo que hoy denominaríamos algo así como un club de lectura.

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